Luego te cuento · Ensayo
Cuando “bien” se queda corto
“¿Cómo estás?” “Bien.” La respuesta sale sola, casi antes de pensarla. A veces es cierta. Otras veces es la forma más rápida de cerrar una puerta.
Decimos “bien” en la oficina, en el chat de la familia, en la fila del súper, en la videollamada con alguien que vive lejos. Es una palabra práctica: permite seguir con el día. No tiene nada de malo. Contar todo a todas horas sería agotador, y elegir qué compartir, y con quién, también es una forma de cuidarte.
El problema aparece cuando “bien” deja de ser una elección y se vuelve la única respuesta posible. Cuando la dices incluso a solas, incluso contigo.
Lo que se queda debajo
Debajo de un “bien” puede haber muchas cosas: cansancio, un enojo que no encontró lugar, una tristeza sin motivo claro, una alegría que da pena mostrar o, simplemente, confusión. A veces todavía no hay una palabra para eso. Y está bien que no la haya.
En la Gestalt nos interesa menos encontrar la palabra exacta y más notar lo que pasa mientras la buscas: si se te aprieta el pecho, si cambias de tema, si de pronto aparece un recuerdo o una imagen. Eso que aparece también dice algo.
Hay cosas que todavía no sabes cómo decir. Podemos empezar por ahí.
No hace falta tener el nombre
Mucha gente pospone pedir acompañamiento porque siente que lo suyo “no es para tanto”, o porque no sabría explicar qué le pasa. Pero no necesitas llegar con un diagnóstico ni con una historia ordenada. Con frecuencia, el trabajo empieza justo en lo que todavía no está claro.
Cuando estás lejos
Si vives fuera de tu país, “bien” puede cargar todavía más. Sirve para no preocupar a quien se quedó, para sostener la decisión de haberte ido o para no admitir cuánto extrañas. Con la diferencia de horario, las llamadas se vuelven cortas, y las respuestas también.
Vivir lejos no es un problema que haya que resolver. Sí es una experiencia que merece espacio, con lo que se pierde y también con lo que se gana.
Un ejercicio pequeño
La próxima vez que respondas “bien”, haz una pausa breve, solo para ti, y pregúntate:
- ¿Bien comparado con qué?
- ¿Qué parte de mí se quedó fuera de esa palabra?
- ¿Con quién podría decir un poco más?
No tienes que contestarlo en voz alta ni cambiar tu respuesta. Solo notar.
Alejandro Cartagena · Psicoterapeuta Gestalt